Estrategias para reducir los «malos humos»

El Instituto Nacional de Estadística (INE) señala que, en los últimos años, la economía española ha reducido en un 14,7% su nivel de emisiones de gases con efecto invernadero. En 2008,el país vertía a la atmósfera un total de 400,9 millones de toneladas de dióxido de carbono. Es un paso todavía pequeño, si se compara con otros países de la Unión Europea, pero que indica que se está en el camino correcto en la carrera hacia la sostenibilidad.

Según expone en El Economista, Ramón Valdivia, Director general de Astic, por ramas de actividad, el sector de transporte y logística ha sido el que ha experimentado un mayor descenso, superior al 25%, frente al resto de actividades. De hecho, las mayores cantidades de CO2 emitidas en territorio español correspondieron al suministro de energía eléctrica, gas, vapor, aire acondicionado y agua.

«Desde la Asociación de Transporte Internacional por Carretera (Astic) consideramos que este avance en materia de impacto ambiental marca una senda fuera de toda discusión. Esta declaración de intenciones es relevante porque procede de un sector que durante décadas ha soportado en exclusiva el papel de sospechoso habitual en materia de medioambiente», dijo Valdivia.

Agrega que «en los próximos meses asistiremos a un nuevo reverdecer de presiones fiscales asociadas a las emisiones de CO2. No se trata de un vaticinio -aunque algo de ello tiene- sino de un interpretación de la agenda política de la UE y, más concretamente, de nuestro país«.

Entretanto, en el sector del transporte por carretera, se volverá a encontrar en la diana de la sospecha sostenida. Cuando apenas se ha recuperado del desgaste que ha representado la batalla del céntimo sanitario, se volverá a ser llamados a la primera línea del fuego fiscal.

El descenso en emisiones de gases de efecto invernadero responde a factores de distinta naturaleza. Sin olvidar el efecto de combustibles empleados por vehículos, que han evolucionando de forma radical en nuestros más de cincuenta años de historia. Lo más destacable es el tremendo esfuerzo inversor del sector del transporte en pos de un desarrollo sostenible, ecológico y económico que ha permitido e impulsado la profunda innovación tecnológica.

Esto se ha visto experimentado en el sector de automoción en los últimos diez años. Las empresas constructoras de vehículos -incluidas las de vehículos pesados- no han dejado de avanzar en el diseño de motores y vehículos que son más eficientes. En definitiva consumen menos, ofrecen mejores rendimientos y reducen la emisión de CO2 y otros gases a la atmósfera.

Como se puede comprobar, la reducción de emisiones responde a múltiples factores que confluyen en el sector del transporte por carretera. Todos han sumado para consolidar un política de desarrollo sostenible que ahora empieza a dar sus frutos tal y como refleja el informe del INE.

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